Démosle viaje a Dele Viaje 2.0

Angela de Boer Urbina
Angela de Boer Urbina

 

 

Costa Rica ha sido un país con grandes problemas de identidad, por mucho tiempo hemos estado condicionados para rechazar lo local y venerar lo que viene de afuera. Esto es algo que siento que está cambiando. El éxito de algunos artistas, películas, restaurantes y otros productos provenientes de acá, me hace creer que las nuevas generaciones están retomando esa identidad y, más que retomando, apropiándose de ella.

Un reflejo de esto es la serie web Dele Viaje. Mostró su primera temporada experimental en el 2013 como proyecto final de graduación de José Pablo García, creador y guionista. Era una temporada llena de ficción, espontaneidad y con elementos interactivos. Ahora en el 2017, se lanzó esta segunda temporada que no solo se ha mostrado en YouTube sino que también en otras plataformas como Canal 13. Con algunos personajes nuevos, la ausencia de algunos otros, pero definitivamente en una nueva y mejorada chaqueta (diría yo que una de cuero con lentejuelas).

Yo también me he sentido en conflicto con la identidad y en la primera temporada sentía cierto rechazo hacia los diferentes aspectos del lenguaje como el frecuente uso de la palabra “mae”. Me parecía casi molesto.

En esta segunda temporada no siento que esto haya cambiado, pero logré descubrir que el problema no era el lenguaje, sino que me confrontaba con la realidad desnuda: como hablan en Dele Viaje, así hablo yo.

Con esa revelación presente, hay otros factores que me parecen que han dado un giro muy positivo a esta serie y así al concepto de televisión.

El Negro
El Negro

Los personajes se volvieron más reales; tienen emociones, sentimientos y conflictos más intensos. Quiero empezar con el personaje que considero que ha tenido la mayor evolución, El Negro (Manuel Sancho). Este joven que en mis ojos es el estereotipo de muchacho costarricense de clase media, desde su forma de vestir, su corte de pelo, su forma de hablar y su pasión por el fútbol.

Es común y corriente pero se enfrenta con un conflicto interior: cuestiona su sexualidad. Esta historia me tiene encantada y no porque el personaje esté pasando un mal rato sino porque los homosexuales representados en los medios son como un cliché exagerado para el entretenimiento y la mofa. Pero en la serie, la travesía del Negro por la negación y el auto rechazo es realista, pura y agradezco que haya sido visibilizada.

El Negro tiene visiones de Le (Lena Mora) insultándolo desde la gramilla de un estadio vacío. Siento que estos gritos e insultos representan el machismo y el sexismo de la sociedad y más en el mundo deportivo en donde el personaje se desenvuelve.

Lena Mora
Lena y Gaby

Le llega a tener su propia historia, además de una nueva amiga y confidente, Gaby (Natalia Arias), con quien comparte una amistad muy concreta, y estoy segura que cualquier chica con una mejor amiga puede identificarse. Debido a las señales contradictorias que siente que recibe del Negro, Le se aferra a la ilusión de él, tanto que llega a sufrirla. Siento que este comportamiento refleja un poco la búsqueda de la seguridad personal en un hombre, en una relación de pareja tradicional y el simple temor de estar solos.

Beto (Ricardo Cerdas) también sufre por su masculinidad. Un evento en su vida lo deja entristecido y esto golpea fuertemente su autoestima pero el hecho de ser hombre no le permite expresar estas emociones y las canaliza en sus amigos Cami (Adriana Álvarez) y Macho (Javier Leñero), lo cual causa ciertos roces.

Un nuevo personaje secundario, Rocío (Tanya Raine), se encuentra a estos tres amigos en un momento crítico. Ella al inicio parece ser un personaje insignificante que representa algo que me gusta llamar el “misticismo fresa”, persona que se viste y habla como si llevara un estilo de vida lleno de espiritualidad y conciencia, que en realidad no tienen. A pesar de eso logra ser mediadora y facilita la liberación de ciertas emociones que causaban tensión entre ellos. Este fue un momento hermosamente emocional que hasta me sacó alguna lagrimita.

Beto, Macho y Cami
Beto, Macho y Cami

La Pupis (Carolina Lett), ese personaje tan querible y alegre, está abrumada con el nuevo mundo al que se enfrenta (para nosotros, la actualidad) y aprovecha sus habilidades con la tecnología para intentar crear un dispositivo que ayude a alivianar esa sensación de descontrol. Esto lo hace junto al Doctor Lin (Daniel Ross Mix), un nuevo personaje tan absurdo y agradable como ella.

Estos personajes dan una aire de ligereza a la serie, siendo casi caricaturescos. La Pupis desea mejorar la situación de su entorno, y hacerlo más positivo y feliz. Ella me recuerda la inocencia de la infancia y ese deseo de bienestar y simple felicidad.

La Pupis
La Pupis

Fabri (Fabrizio Walker), a pesar de todo lo vivido con la Pupis, parece estar cansado de sus locuras. Se lo hace saber, de una forma algo brusca, algo que no esperábamos de este personaje. Pero este cambio de actitud lo hace a él también más humano. Él sí es de esta época y este mundo, representa el cable a tierra entre dos ilusos, es la conexión entre el mundo de la Pupis y el mundo actual.

La serie desde su primera temporada va complementada con música nacional y centroamericana, pero algo que principalmente considero ha mejorado inmensamente es la producción y la fotografía. La forma en la que se capturan emociones en imágenes y no solo en diálogos me parece muy hermosa y demuestra un nivel de cinematografía muy artística e inesperada.

Todos tenemos historias diferentes y por eso reacciones diferentes. No es lo mismo Le, quien trabaja en una cafetería, a Beto, quien evidentemente tiene una mejor situación económica y trabaja en la empresa familiar.

Dele Viaje
Dele Viaje

Como cualquier joven entre los 20 y 30, los personajes pasan por momentos de ansiedad, frustración y realización. Lo que los hace diferentes es la forma en que deciden manejarlo.

Ellos, al igual que yo, están descubriéndose como adultos, desde el interior de cada uno (a), a través de sus vivencias y relaciones humanas con todo lo bueno, bonito y feo que esto conlleva. Viven estas experiencias en mi país, en mi ciudad, lo cual me llena de cierto orgullo. Saber que las personas de mi generación están trabajando para hacer de este país un lugar más hermoso, abierto e inclusivo. No se trata de patriotismo sino de amor propio.

Por último, los invito a seguir el trabajo de cada uno de los actores. Apoyémoslos en sus otros proyectos, ya sea teatro música, cine y demás.

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