Neruda: entre poesía y policía

Sergio Beeche Antezana
Sergio Beeche Antezana

 

 

No hace falta saber mucho o demostrar demasiados hechos históricos para que una historia funcione por sí sola. Los agregados contextuales siempre serán parte de un entendimiento más profundo de la obra, cosa que, de todos modos, no debería ser impedimento para que la narración sea clara y demuestre bien lo que quiere contar. Así sucede con Neruda, filme meramente de referencia, sin una gota de intención biográfica para con el reconocido personaje principal y realizado con maestría en las maneras en las que está contada esta particular historia.

Neruda
Neruda

Particular en el sentido de precisa y definida (cerrada y delimitada), no por diferente o extraña. Esta es película concreta, de altísima calidad, que se basa primero en la construcción de sus personajes a través de imágenes adecuadamente cinematográficas. Se presentan ante un personaje que el guion quiere desdoblar sin tapujos hasta su última capa: Pablo Neruda. Como escritor, poeta, orador, mujeriego, juzgador, prepotente, altanero, soñador, pragmático, político, senador y comunista; como ser humano. Eso sí, enmarcado en los encuadres cuidadosos y poéticos del director, Pablo Larraín.

Neruda
Neruda

Los cuidadoso ojo del director quiere demostrar que se está ante una figura histórica, pero nada más que un personaje en la pantalla. La profundización no viene tanto de lo que este se sabe, sino de lo que demuestra (bien llevado por Luis Gnecco). Se trata de un Neruda perseguido, amado y odiado. Aparece, entonces, su adversario y rival (nunca antagonista): el policía Oscar Peluchonneau (genial Gael García Bernal). A través de la narración de este otro personaje, la colocación poética de las imágenes se esparce al resto del filme, dándole ritmo, intención, atmósfera y confusión ante los versos hechos imágenes.

Neruda
Neruda

El estilo de Larraín es claro y con ánimos de ser reconocido como autor. Su manera de colocar diálogos y montar cada escena es parte de un estilo propio y digno de que se apropie y demuestre originalidad ante los recursos que tiene a mano. Sus movimientos y fluidez con la cámara en cada secuencia (en interior o en exterior) queda marcada aquí, se distingue muy evidentemente. Un estilo aquí un poco muy marcado, pero que encontró de nuevo útil, colocado con más sutileza, en su siguiente filme, Jackie.

Neruda
Neruda

Así, la persecución en Neruda, y en especial durante su tercer acto, consigue atrapar el frío paisaje que puede congelar las emociones, pero las hace, al mismo tiempo, más evidentes y profundas, como las gotas de sangre que caen en la nieve. Cada emoción del filme queda expresado en las intenciones de los personajes que llevan la historia hasta el punto de agotarla y terminar en el momento preciso. Y con la circularidad de la poesía reflejada en el excelente final.

Neruda
Neruda

Es entonces que, con filmes como este, todavía hay esperanza de encontrar talento y dedicación por contar historias interesantes y con maestría en su técnica. Más aún viniendo de un director latino con un historial tan interesante y bien merecido de reconocimiento. Con los colores y matices que tiene Neruda, vale la pena ver y repetir esta película, además del resto de la filmografía de Larraín, que es de aplaudir.

Calificación: 9

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