Review – Bloodline: Final de Serie

Alfredo Cordero
Alfredo Cordero

 

 

La primera temporada de Bloodline fue una de las mejores temporadas de cualquier serie de Netflix. Punto. La manera en la que estaba narrada, la presencia agobiante de Danny Rayburn (Ben Mendelsohn), los flashforwards a su inevitable deceso. Todo eso aunado a la atmósfera tropical, húmeda e inescapable de los Cayos de Florida resultó ser la fórmula ganadora de este noir familiar.

Siempre fui partidario de que Danny era el mejor personaje de la serie, pero aún así mantuve la fe. La segunda entrega se las arregló para traerlo de vuelta como una aparición, simbolizando los demonios internos de su hermano John (Kyle Chandler). Esa temporada finalizó con otro acontecimiento caótico, esta vez en manos de Kevin (Norbert Leo Butz), el menor del clan Rayburn. No estuvo mal, lograron generar tensión y añadir un secreto más a la pila de engaños y decepciones de esta disfuncional familia.

Sally y John Rayburn
Sally y John Rayburn

La tercera y última temporada arranca inmediatamente después del altercado con Marco, y notamos a Kevin en modo de pánico. Luego de ir a hablar con Roy Gilbert (Beau Bridges), éste le paga a un médico forense para que arregle la situación. ¿Cómo? Disparándole a Kevin para Incriminar a Eric O’Bannon (Jamie McShane) por ello y también por el asesinato de Marco. Qué sucios. Con altos y bajos, varias cosas en la temporada funcionaron y otras no tanto (por ejemplo, nunca vi el punto de continuar las tramas de Ozzy Delvecchio y de Nolan, el hijo de Danny).

Rayburn vs. O’Bannon

Con el tag de la serie de “No somos malas personas, pero hicimos algo malo” me atrapó desde el momento uno. Hasta fui capaz de comprender sus motivaciones y todo lo que tuvo que acontecer para que ese primer “crimen” sucediera. Pero ya con lo de Marco, tuve una especie de revelación. Talvez los Rayburn no sean malas personas, pero sí toman PÉSIMAS decisiones. Dispuestos a todo por proteger a su pequeña tribu, desde que eran niños les inculcaron la mentira con tal de salvarle el pellejo a su padre luego de haber golpeado a Danny.

Roy Gilbert y Kevin Rayburn
Roy Gilbert y Kevin Rayburn

La lealtad ante todo es su lema, pero realmente no son personas decentes. Están extremadamente dañados, todos y cada uno de ellos. Su propia madre les ayudó a mentir en el juicio, pero luego confesó resentirlos desde el momento de su nacimiento. En el episodio final notamos a una Sally Rayburn completamente trastornada, comparando los partos de sus hijos con sus futuras personalidades. La verdad que Sissy Spacek me sorprendió y no esperaba quedarme con esa última impresión de su personaje.

La manera en que culparon a Eric de todo fue la gota que derramó el vaso. Pese a que Eric no está exento de sus criminalidades, eso no les da derecho a hacer lo que hicieron. Su hermana, Chelsea (Chloë Sevigny) logró darse cuenta de la amenaza en que se han convertido los Rayburn, revelando en un episodio el miedo que tiene de lo que ellos puedan llegar a provocar.

Claro, la historia gira alrededor de ellos y es ahí donde entramos en territorio de conflicto. Ninguna persona en su sano juicio puede justificar todo lo que esta familia ha hecho para salirse con la suya. Mentir bajo juramento descaradamente es pasarse de la raya y nos demuestra que no conocen los límites.

Chelsea O’Bannon
Chelsea O’Bannon

¿Y las consecuencias?

El momentum de la serie se estaba manteniendo perfecto hasta el episodio 9, un episodio que ha dado mucho de qué hablar. Fue un gran WTF que NO debió pertenecer a una temporada final, dispuesta a brindar respuestas y que además fue recortada a una menor cantidad de episodios. Está bien, quisieron ahondar en el estado mental de John, pero no ayudó a avanzar la trama ni a armar las bases para una épica conclusión (lo que un penúltimo episodio normalmente haría). Por un momento, estaba tan confundido que pensé que nos iban a aplicar la de “toda la serie fue una alucinación de John”. Al menos no fue así. Eso hubiera sido mil veces peor que lo que obtuvimos.

Bloodline
Bloodline

Uno de los showrunners de la serie, Todd A. Kessler, confesó que tuvieron que condensar en una temporada lo que estaba contemplado para tres, después de su repentina cancelación. Lamentablemente, se siente. La temporada arrancó fuerte, pero concluyó de manera muy repentina. Esta serie tenía que ser todo menos inconsecuente. Necesitábamos que los Rayburn pagaran por sus acciones. Meg (Linda Cardellini) salió bien librada solo porque ella mismo decidió cambiar su identidad, y ni siquiera apareció en los últimos episodios. Si tan solo el Sheriff Aguirre (David Zayas) le hubiera creído a John cuando confesó… todo hubiera sido diferente. Ese hubiera sido un final más justo. En definitiva daba para más y es una pena que todo fuera tan apresurado, pero me quedaré con el recuerdo de una primera temporada estelar que igual todos deberían ver.

Meg Rayburn
Meg Rayburn

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