Legion: complejidades estilísticas y laberintos narrativos

Sergio Beeche Antezana
Sergio Beeche Antezana

 

 

La estructuración y ritmo que vemos en cualquier producto audiovisual sucede en la sala de montaje (o edición). Con todas las escenas que quedan filmadas, el ensamblaje es lo que permite darle orden, coherencia y e intensidad al relato que se ve en pantalla. Si hay un mal trabajo en este apartado, la cosa está —casi siempre— perdida. Muchas veces, es la razón para que una historia funcione por completo. Y el ejemplo perfecto para poner esto en evidencia, porque le resulta inherente y evidente, es Legion, la nueva serie de FX del mismo creador de la increíble Fargo, Noah Hawley.

Hay que admitirlo: Legion sabe muy bien lo que quiere hacer. En esa línea de buscar transmitir algo con imágenes en secuencia, la actitud desordenada es parte de los mismos temas de la serie; para empezar, con un narrador en el que no se puede confiar. ¿Qué es real y qué sucede en la mente del protagonista? Es a partir de eso que seguimos a David Haller y lo que le sucede luego de creer que tiene esquizofrenia cuando, en realidad, solo son los poderes mentales de un mutante, los X-Men. Franquicia que, por suerte, la serie no menciona o alude en ningún momento; le interesa su propio universo primero.

Legion

Las imágenes que aparecen en Legion son parte de esas confusiones que tiene el protagonista para transmitir al espectador. Si una gran parte sucede en la mente de David, no queda más que demostrar, mediante la excelente edición, fragmentos rapidísimos que llegan casi a la locura. Una inmersión a una mente que se desconoce hasta a sí misma. Por suerte, la diferenciación de los estados mentales y la realidad se vuelve más clara conforme avanzan los episodios. Pero, a veces, la serie parece perderse en su montaje y, al ponerle demasiada atención, se olvida de la historia que quiere contar. Más allá del espectáculo visual, ¿cómo van a perdurar estos personajes en la memoria del espectador?

Legion

El problema está en la repetición innecesaria y falta de caracterización fuera de la sobreexplotación que se le da a la figura principal. Está claro que el viaje es de él y que, como audiencia, iremos descubriendo los alcances mentales que tiene David, pero esos no transcurren en su soledad. Las personas que le ayudan y guían para mejorar tienen un papel importante en la que parece ser la realidad concreta de la serie. Además de crear buenos momentos de confusión dentro de esta vastísima mente, debería existir un paralelismo más concreto que sea el balance para su narración y para quienes la vemos.

Mientras que el primer episodio resultó más un curioso experimento que un piloto de televisión, las siguientes entregas se establecen mejor en encontrar ese balance en la historia paralela (de por sí, más interesante) que sucede en el exterior (a menos de que todo –todo– esté sucediendo en la mente del protagonista). Los personajes secundarios tienen potencial de ser explorados uno por uno —y como grupo— para, así, darle dinamismo a la historia (el episodio cinco abre la puerta para mejorar esto muchísimo). Incluso, para explorar mejor la complicada historia de amor.

Legion

Alejados del artificio, en Legion, el viaje conceptual es sobre encontrarse a uno mismo. Por más diferente que parezca, la búsqueda de la identidad y de lo que nos hace felices será parte del núcleo temático de la serie y para todos los personajes. Es la demostración de que la mente juega con las emociones y decisiones para interponerse en los pensamientos. Sea sufrimiento o alegría, miedo o tranquilidad, las trampas mentales que plantea Legion en su protagonista no se escapan de ser reflejados en quienes le rodean. Cada uno se ve en momentos de desesperación o de duda cuando se trata de completar la misión o, incluso, de confiar en los demás. Pero ahí está el mayor potencial: no olvidar que el protagonista es una parte de un todo y los secundarios son pieza importantísima del rompecabezas.

Legion

Así, con el sufijo “–ísmo” como descripción adecuada al tratar de encontrar adjetivos para la serie, Legion pasa más como thriller o terror de pesadilla que como una simple serie de ciencia-ficción, y se coloca por encima de las series comunes de superhéroes que abundan ahora en televisión. Con todo y sus deslices, funciona como entretenimiento de TV bien hecho, de complejidades curiosas y adecuadas para conseguir un resultado excelente una vez que termine su temporada. Por eso y por el bien de su historia, sus personajes y creciente audiencia, esperemos que, entre tanto truco mental, no quede atascada en sus propios laberintos narrativos.

 

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