Kong: Skull Island

Sergio Beeche Antezana
Sergio Beeche Antezana

 

 

Las grandes historias pueden ser de cualquier clase de héroes. Puede haber personajes pequeños que pertenecen a historias grandes. Así como puede haber historias contenidas con personajes gigantescos que apenas caben en el encuadre de la pantalla. Así sucede con la nueva versión del famoso gorila inmenso que es perseguido hasta la punta del Empire State, Kong: Skull Island, solo que, esta vez, el relato del rey Kong no sale de la isla que él mismo protege.

Si recordamos bien, la derrota de King Kong no es más que una dramática e inusual historia romántica, en la cual, sin diálogo alguno, se desarrolla el enamoramiento de este gigantesco animal por la única mujer que lo entiende, hasta que eso mismo lo derrota. Eso no sucede por completo en Skull Island. El enfoque aquí es más sobre la expedición hacia la isla misma y las criaturas que se encuentran en ella. Predomina el constante deseo humano de desafiar la naturaleza salvaje y desconocida (lo demás queda un poco a medio camino). Sucede, entonces, que el grupo —científico y militar— descubre poco a poco los secretos que habitan en el imponente panorama de la isla.

Kong: Skull Island

Para eso, Jordan Vogt-Roberts, logra evocar, junto a su director de fotografía, Larry Fong, una grandiosidad de imágenes reflejadas en el paisaje y las criaturas mismas (¡geniales!). Ambos aprovechan los alrededores (reales y creados por computadora) para embellecer cada plano y secuencia de acción que viene de puro efecto digital. El enfrentamiento inicial entre Kong y los helicópteros transcurre con atinadísimo montaje y balance entre los efectos especiales y los mecánicos; hay una claridad de las dimensiones que este gorila tiene y lo inútiles que son los pequeños esfuerzos humanos con sus balas.

De ahí, se abre paso a un filme de más descubrimiento. El guion comenta y expone la mitología interna del propio mundo y separa al grupo de exploradores y militares que serán la demostración clara de las diferencias de pensamiento. Es entonces que tropieza en su mayor problema: los personajes. ¿Quién debería importarnos aquí? Al ser tantos, ninguno queda bien desarrollado, a pesar de que parecen personajes interesantes por su planteamiento inicial y con la dinámica que podían lograr entre ellos. Aunque no es por falta de talentos: Brie Larson y Tom Hiddelston hacen lo que pueden con la poca personalidad que les dan, John Goodman es totalmente desperdiciado y Samuel L. Jackson, como siempre, le agrega un carisma y matiz adecuados para servir de antagonista con el perfil de militar vengativo y de pensamiento. Ni el gorila digital se salva de la poca profundización.

Kong: Skull Island

Entonces, Kong: Skull Island tiene un ritmo curioso, que a veces funciona y emociona, pero que de repente baja y cae en desfases de tono y con un desequilibrio curioso entre música y canciones. El director no encuentra nunca ajustar sus escenas con las tonadas y carácter que les quiere dar. Como si quisiera abarcar todo lo que se les ocurrió al equipo de guionistas, que planearon durante producción, para no desperdiciar todas las ideas interesantes, pero que ninguna termina de cuajar en el resultado final.

A pesar de eso, el subtexto existe y se hace notar en los altibajos de ritmo de la película; no deja de ser un intento bien logrado, sin llegar a lo mejor, de contar una historia concreta que vaya a entretener fácilmente. Están claros el fanatismo, las posiciones extremas, el complejo de dios que tienen los seres humanos y hasta el respeto y cuidado por las fuerzas de la naturaleza que no quieren —ni deben— ser controladas o interrumpidas. Son temas que están ahí, disfrazados de buen entretenimiento, con fotografía espectacular y diversión amena al ver las bestias monstruosas que ingeniaron para la historia. Eso sí, queda la puerta abierta con una satisfactoria escena post créditos que abre el paso al enfrentamiento que tendrán Kong y Godzilla en el 2020.

Kong: Skull Island

Por lo visto, puede que solo sea un preámbulo y que la clásica secuencia del edificio no sea evitada completamente en esta implícita saga de criaturas gigantes luchando entre sí. Es una de las partes de la magia del cine más divertidas: experimentar esas creaciones inmensas que luchan entre sí a gran escala y uno solo tiene que admirar las imágenes espectaculares desde la comodidad de la butaca. Esta entrega no falla en ese aspecto, y el agregado de los geniales colores e increíbles efectos especiales la hacen digna de disfrutar en pantalla grande.

Calificación: 7

 

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