Hacksaw Ridge y el regreso triunfal de Mel Gibson

Sergio Beeche Antezana
Sergio Beeche Antezana

 

 

 

Mientras se encuentre un ángulo de interés o una visión específica de la cual basarse, los filme de guerra seguirán existiendo. Estos podrían ser ficticios o tomados de hechos reales de las dos guerras mundiales que sucedieron en la historia. En todo caso, las hazañas verídicas tienden a conseguir más impacto y profundidad en la audiencia, por más difíciles que sean de creer. Y aunque parezca mentira y hasta forzado, la valiente historia que cuenta Hacksaw Ridge es así; incluso, sin mucho campo para pensar en la veracidad de los datos. Es más la inmersión que consigue con su historia.

Basándose en el testimonio del protagonista mismo, Hacksaw Ridge (o el adecuado título en español, Hasta el Último Hombre) relata una etapa de la vida de Desmond Doss, quien decidió no tocar una sola arma durante su tiempo en el campo de batalla. Por más que el ejército le quiso hacer el camino imposible y hasta culposo, Desmond nunca cedió ante los obstáculos que frenaban e impedían su ida a la guerra como médico, con la persistente determinación de ayudar a los eventuales heridos.

Hacksaw Ridge

Así es como se marca el regreso del controversial director, Mel Gibson, luego de diez años de no dirigir una película. Aquí, su estilo (o fetiche, si se quiere) es evidente en el talón de Aquiles del filme: la recurrente y repetitiva violencia sangrienta en las escenas de guerra. Podría tratarse de una manera de saber que la visión del director está siempre implícita en cada escena que construye; aún más con el aprovechamiento que le permita incorporar esa imagen específica que quiere mostrar. Es cuando el final se reitera a sí mismo sin mucha necesidad, cansando un poco dentro de su narración, pero sin quitarle fuerza narrativa al resto del filme.

Lo que lleva a un punto interesante en el cual Hacksaw Ridge permite que el espectador participe un poco más al verla y saque conclusiones personales. ¿Es necesario la muestra excesiva de violencia (muy acorde a la cruda y cruel realidad de ese particular escenario) para hacer llegar el mensaje intencionado? ¿Hasta qué punto es solo capricho, gusto o estilo del director de evidenciar cierta brutalidad en pantalla? Esto en una película que claramente quiere reflejar y transmitir la visión singular —casi única— del momento y la actitud subversiva y rebelde del personaje principal. Es algo que, sin duda, queda planteado y es parte de lo que hace interesante al filme.

Hacksaw Ridge

Eso sí, no hay duda de que Gibson tiene talento y dedicación con las imágenes que pone en pantalla. Su estilo narrativo es limpio. Nunca descuida el viaje de los personajes secundarios, enredados en las atrocidades de la guerra, y del principal, decidido y dedicado dentro de la contradicción que muestra su realidad, pero que sigue una caracterización e identidad internas bien definidas y profundizadas. Para esto, Andrew Garfield se adentra en su personaje y lo encarna con energía y gentileza: es el noble pilar central del relato.

Por otro lado, la pulcra edición permite que el encuadre sea preciso a la hora de mostrar la acción bélica del segundo y tercer acto y la limpia introducción de la primera hora. Se le suman la buena música, fotografía y acertado diseño de producción.

Hacksaw Ridge

Lo que queda, entonces, es una historia —muy bien contada— sobre el reconocimiento de las raíces y las convicciones de uno mismo. Sin dejar de lado las contradicciones presentes y evidentes desde la visión de su director, Hacksaw Ridge se vuelve la observación de una persona que decidió cumplir un objetivo sin quebrantar sus creencias ni sus promesas. Una manera de no traicionar los ideales de su esencia, sin perder ni un segundo la humildad que le caracterizaba. De esta manera, la protección en el campo de batalle le es inherente y da paso a la increíble historia que, para muchos, podría parecer más ficción que realidad (spoiler: es real). Ante un mundo de juzgamiento y crítica, la manera en que Desmond Doss sobrevivió fue confiando y nunca rindiéndose, aunque eso significara romper, de vez en cuando, las reglas del sistema.

 

Calificación: 8

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