Con sutileza y cariño, Coco consigue ser simplemente sensacional

Sergio Beeche Antezana
Sergio Beeche Antezana

 

 

Es la atención a los detalles lo que caracteriza las producciones del estudio de animación Pixar y que siempre ameritan la repetición de sus filmes para lograr encontrarlos. Desde lo grande y hasta los pequeños guiños, escondidos y a plena vista. Cuando se trata, entonces, de un nuevo mundo, un universo que el público no conoce y al cual será introducido (porque hasta ellos cayeron en la trampa de las secuelas), el cuidado por explicar esos elementos debe ser más cuidadosa. Lo logra de manera impecable Coco, título diecinueve del estudio, que se manifiesta con tantísima finura y delicadeza en sus imágenes.

Coco
Coco

Pero es aún más sorprendente que los pequeños detalles, de paisaje, animación y de sus personajes, no hagan que la narración principal quede rezagada o descuidada. La historia de Coco es sencilla y clara, ejercicio clásico y básico de la estructuración concreta del cine, pero que funciona mejor y es más efectivo. A partir de un orden lógico de las partes de la narración, Pixar consigue la excelencia de todo lo demás.

Coco
Coco

Coco sigue a Miguel —y a su familia— en la aventura que debe tener cuando es transportado repentinamente al mundo de los muertos. El viaje de regreso y los descubrimientos que hará durante su estadía moldearán su personalidad y en quién se convertirá conforme tenga más edad. La idea de familia, esa que define las características y anhelos de cada individuo, permanece y se vuelve la razón por la cual Miguel sobrevive. Es trama fácil de seguir para los pequeños, pero la mano de los directores, Lee Unkrich y Adrián Molina, consigue que cada escena tenga sus capas temáticas más profundas; acompañadas de una compleja y magnífica animación.

Coco
Coco

Ahí está la pulcritud de las imágenes en Coco, que devienen en festín visual y en los colores maravillosos de su universo, brillantes como el corazón de su historia. Enfocada, también, en la sensibilidad de los recuerdos, de la honestidad y del valor familiar como el entendimiento de los sentires humanos. Los aspectos de la celebración mexicana quedan representados de manera que la fiesta nacional se vuelva un simbolismo universal del cariño y de la búsqueda de la propia identidad.

Coco
Coco

Dominan las restricciones que la familia de Miguel tiene sobre la música y las razones por las cuales eso resulta importante, aspectos clave en el cuadro general y específico de la historia (la música, elevada y soñadora, contrasta con la fabricación de zapatos, el recuerdo de mantener los pies firmes en la tierra). Entre la iluminación insuperable y el admirable detalle de las estructuras, se luce, además, Michael Giacchino, con los sonidos y las melodías que ideó para la guitarra latina.

Coco
Coco

En un mundo en el cual los esqueletos tienen restricciones de viaje (la foto como pasaporte), esconden sus propios secretos y resentimientos y hasta pueden llegar a morir olvidados, la alegría de Coco nunca cesa. Basta con cruzar el puente de pétalos de la flor de la bendición. Entonces, las imágenes pueden ser tradición; esas consiguen evocar emociones, la cuales se traducen en sentimientos que, al final del día, serán la representación misma de la tradición.

Coco
Coco

Este es filme para repetir y detallar. Por su historia y por su vastedad visual; por atreverse a no salir del paradigma estructurado y conseguir el mejor resultado desde ahí. Y porque la emotividad, impregnada a su aspecto formal, construye y caracteriza el acercamiento gozoso y festivo que cualquier ser querido que cruza al otro lado pueda querer. Esa sutileza queda en uno luego de verla: es la poderosa representación de lo que el mejor cine puede ofrecer.

Calificación:10

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