Wind River

Sergio Beeche Antezana
Sergio Beeche Antezana

 

 

 

A Taylor Sheridan le interesan los lugares más áridos de su país natal. Sus ideas e imaginación se centran en demostrar que hay zonas más allá de lo que las personas de la ciudad conocen. Que hay ideas y realidades que vale la pena explorar y contar como historias en pantalla, más que simples representaciones idealizadas de la sociedad. La cercanía con la tierra, sus habitantes y la impredecibilidad que los caracteriza hacen de las historias de Sheridan viajes más interesantes de lo común.

Lo demostró con Sicario, cruzando la frontera de Estados Unidos con México; y con Hell or High Water, viajando por el caluroso y poco visitado oeste de Texas. Ahora, con Wind River, Sheridan está al mando, como escritor y director, de esta producción que se moviliza al terreno nevado de Wyoming, lugar de paisaje blanco y helado que admite pocos visitantes por el simple hecho de tener que traer mucha ropa para poder quedarse. Se trata de la “trilogía de la frontera”, de la mano del ingenioso escritor.

Wind River
Wind River

Y es que Taylor Sheridan sabe asegurar demasiado bien el amarre que hará una historia interesante. Con planteamientos sutiles y finos diálogos que cuentan o exponen los puntos de la trama sin que se sientan como meras explicaciones para que la audiencia entienda. Cada frase es parte de un desarrollo o reconocimiento del personaje. Así, el desarrollo de la historia es orgánico y de buen ritmo, coincidiendo cada uno con las revelaciones que llevan de un punto a otro.

El asunto es que Wind River no deja de ser el intento demasiado evidente y perezoso de defender una causa a través de temas y situaciones poco conocidas o ignoradas (las desapariciones misteriosas de las mujeres de la región). El subtexto está claro, pero no es protagonista de su propia historia, al ser dos figuras blancas las principales y el viaje que tienen ambos cuando los une el detonante narrativo: la aparición de un cadáver de una joven nativa de la zona. Se trata, en principio, de un policial adecuado, que sabe cómo comenzar, desarrollar y concluir su tratamiento manifiesto.

Wind River
Wind River

A ratos, la dirección tambalea un poco. No hay tanta claridad en los planos más importantes del clímax del tercer acto, además de no decidirse entre la cámara en mano o la quietud poética de sus tomas abiertas del paisaje (por suerte, excelentes). Eso sí, la edición consigue buen ritmo y, en cierto momento, viajar temporalmente de la manera más astuta posible. Surge satisfacción en el enfrentamiento final y el triunfo de la justicia que se da de las maneras menos esperadas. Relato concreto con desarrollo puntual de personajes (ayudado más por las actuaciones).

Son excelentes Jeremy Renner y Elizabeth Olsen, cautelosos en cada movimiento, pero valerosos ante el peligroso paraje que les rodea. Ambos se comprometen y aportan ese algo extra a sus personajes que, de por sí, ya están bien moldeados desde el guion. Es la fortaleza más grande del autor: la posibilidad de contar una historia a través de las tangentes que llegan a ella y se entrelazan para concretar la narrativa y los viajes internos e individuales de los personajes.

Wind River
Wind River

Con todo, Wind River (título y locación) se asegura un espacio en su propia historia y captura la atención y tensión de cualquier espectador. Así es como el filme se deja transmitir emociones a través de las imágenes y las interesantes limitaciones del vasto terreno nevado. Como paradoja de sí misma, los aspectos policiales se desenvuelven de manera típica para poder ahondar en temas más desconocidos y lograr un clímax sospechado, pero totalmente inesperado al mismo tiempo. Es virtud de la visión clara de un escritor con vocación. Cine silencioso, pero poderoso.

Calificación: 8

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