Guerrilla y Dear White People: racismo y revolución

Manfred Vargas
Manfred Vargas

 

Vivimos en tiempos politizados. Las convulsiones desencadenadas por la crisis económica del 2008 no cesan y han revelado toda una serie de profundas fracturas sociales que se encontraban ocultas bajo el espejismo de un “bienestar” alimentado por la deuda y la gratificación inmediata del consumo irrefrenado. Una de las más persistentes de estas grietas es la del racismo, la cual ha obtenido especial visibilidad en el hermano país del Norte. Los crecientes casos de brutalidad policial y la aparición de movimientos como Black Lives Matter han sido acompañados por múltiples llamados para alcanzar una mayor representatividad de personas de color en la industria del cine y la televisión. Y si bien en Hollywood todavía queda un enorme trabajo por hacer, la reciente proliferación de series de televisión ha ayudado a diversificar los tipos de historias, personajes y experiencias que vemos plasmadas en la pantalla chica.

Contar diestramente historias de índole política y social, sin embargo, no es tarea fácil. El potencial de caer en simplificaciones banales, metáforas fallidas, puntos de vista ingenuos, cinismo descontrolado y discursos panfletarios es sumamente grande. De ahí que muchas veces se opte por tocar estos temas alegoricamente a través de fantasía o ciencia ficción,  o que simplemente se utilicen como trasfondo socio-histórico que contextualiza y subraya una trama más intima. Pero es mucho más infrecuente encontrar series que se enfoquen en lo político entendido como la construcción de nuevas subjetividades o movimientos a partir de conflictos sociales. Dos flamantes producciones intentan llenar este vacío, con estilos y perspectivas distintas, pero ambas partiendo del conflicto racial en Estados Unidos y Reino Unido.

Guerrilla
Guerrilla

Guerrilla es la más reciente creación del escritor John Ridley, guionista ganador del Oscar por 12 Years a Slave y también responsable de la recientemente cancelada American Crime. Esta miniserie de 6 episodios, transmitida por Sky Atlantic y Showtime, se ambienta en el Londres de inicios de la década de los setenta, una época turbulenta en la que grupos radicales intentaron alcanzar mayor protagonismo a través de las armas y el terrorismo. Estos fueron los años del apogeo del black power y, precisamente, la serie se enfoca en una pareja de activistas, Jas (Freida Pinto) y Marcus (Babou Ceesay), quienes ante la acumulación de injusticias y discriminaciones raciales deciden liberar a un prisionero político de la cárcel y crear una organización clandestina militante.

Guerrilla
Guerrilla

Los guiones inteligentes y rigurosos de Ridley, quien escribió cinco de los episodios, logran de manera agraciada compaginar los dilemas personales, morales y éticos de Jas y Marcus con las reverberaciones más amplias de sus acciones en el contexto político y social de la época. En ese sentido, la miniserie logra estrechar su mirada para explorar las dinámicas propias de una pequeña organización militante, como la marginación de las mujeres, el tedio de la clandestinidad, la engorrosa procuración de dinero y armas y la frustración de sentir que no se está alcanzando ningún cambio;  sin por eso dejar de lado un apego notable a la verosimilitud de los hechos en que se inspira (para más detalles sobre el momento histórico, es indispensable leer este artículo de Paul Field para Jacobin).

Guerrilla
Guerrilla

Por lo demás, las actuaciones son uniformemente sólidas y la puesta en escena es sobria e intensa.  Lo más criticable de la serie es su desmedido énfasis en las vidas personales de los policías encargados de perseguir a Jas y Marcus; si bien esto tiene como fin hacernos entender las motivaciones del “otro lado”, consigue el efecto adverso de opacar la más interesante trama principal.

Guerrilla
Guerrilla

A pesar de que su creador y guionista es estadounidense, Guerrilla es una producción eminentemente británica (uno de sus productores es Idris Elba, quien también interpreta un pequeño papel secundario), con una sensibilidad que remite a la tradición televisiva y cinematográfica del otro lado del charco. Al verla, no se puede evitar pensar en la dificultad de desarrollar una serie de este tipo -en donde el conflicto racial es retratado desde la perspectiva de activistas violentos- en Estados Unidos; da la impresión de que, aún en el panorama más inclusivo y arriesgado de la televisión actual, una serie así sería demasiado incendiaria. Para bien o para mal, en Estados Unidos es más probable obtener un programa como Dear White People.

Dear White People
Dear White People

Dear White People es una nueva serie de Netflix, basada en la película del mismo nombre, que sigue a un grupo de estudiantes negros en una prestigiosa universidad estadounidense. A pesar de que Samantha White (Logan Browning), una aspirante a cineasta con reputación de revoltosa, es algo así como el personaje principal, la serie en realidad es una obra coral y cada uno de sus 10 episodios se enfoca en un personaje distinto. La serie así evita una visión homogénea de la juventud afroamericana y muestra cómo desde sus diferentes perspectivas y experiencias -ya sean gays, mestizos, acomodados, pobres, inmigrantes o activistas- estos estudiantes tratan de lidiar con las estructuras de poder blancas que se imponen en su universidad y la sociedad en general. Esta lucha se evidencia por medio de pequeños actos cotidianos, pero encuentra su máxima expresión en dos eventos -una fiesta de blackface y un altercado con la policía universitaria- que funcionan como los principales puntos de inflexión de la trama.

Dear White People
Dear White People

Lo que es especialmente sorprendente de la serie es que tiene la capacidad de tratar todos estos temas de manera perspicaz y afectiva sin por eso dejar de ser hilarante. Y es que sí, Dear White People es una comedia con tintes de sátira que también es tremendamente efectiva como comentario social y que no duda en adoptar una postura confrontativa ante todo aquello que huela a injusticia, desigualdad e hipocresía (aun cuando involucre a sus propios personajes). Es precisamente esta cualidad la que le ha valido comentarios negativos de ciertos elementos de la derecha, quienes la han acusado de ser racista hacia los blancos. Los que han visto la serie sabrán que esto es absurdo; Dear White People es ciertamente provocativa  pero en su centro tiene una visión empática y solidaria del mundo.

Dear White People
Dear White People

Esa empatía, sin embargo, no puede ocultar la frustración de una joven generación que experimenta cómo las mismas inequidades sociales siguen reproduciéndose una y otra vez hasta la actualidad. Lo que en algún momento fue la promesa de una nueva era “post-racial” con la elección de Obama acabó en la pesadilla de la elección de Trump y el ascenso de la extrema derecha en Occidente. Si algo caracteriza a estos estudiantes es su creencia de que la unión hace la fuerza pero, hacia el final de la temporada, la sensación de impotencia ante la realidad dentro y fuera del campus es inescapable. Esa misma impotencia fue la que llevó a los personajes de Guerrilla a tomar las armas. ¿Qué le deparará el futuro a los personajes de Dear White People?

Dear White People
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Dear White People se encuentra disponible en Netflix. Guerrilla se transmitió durante los meses de abril y mayo en Sky Atlantic y Showtime.

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