To Watch: Nueva televisión argentina

Manfred Vargas
Por Manfred Vargas

 

 

 

Las acciones bursátiles de la década de los noventa han subido vertiginosamente de valor en tiempos recientes. Considerada por muchos como una época caracterizada por la apatía, la ropa terrible y el agotamiento de todas las energías que definieron el siglo XX, eso no ha evitado que esta década se haya convertido en objeto de ensalzamiento nostálgico para los millenials. En Latinoamérica, por su parte, los noventa fueron una etapa de estabilización económica y política de la mano del neoliberalismo, y la Argentina fue uno de los países que mejor aprovechó esa aparente bonanza: estos fueron los tiempos de la “pizza con champagne”, de la dominación internacional de bandas como Soda Stereo y Los Fabulosos Cadillacs y de series como Mi familia es un dibujo y Cebollitas que llegaron a millones de hogares a lo largo del continente.

Pero, como ya sabemos, todo eso resultó insostenible y poco después de inicios del nuevo milenio Argentina ardía en llamas luego de quedar al borde del colapso social generalizado. Ante esto, la calidad de su producción televisiva no decayó -al contrario, algunas de las series más aclamadas de su historia como Okupas, Los Simuladores, Tumberos y Epitafios se estrenaron por esos años- pero su capacidad de alcanzar e influenciar a toda América se vio notoriamente mermada. Hoy es poco y nada lo que desde afuera conocemos de la televisión argentina, por lo que, para tratar de remediar esta situación, a continuación les presentamos cuatro series recientes que vale la pena chequear.

 

El Marginal (TV Pública, 2016; disponible en Netflix una vez termine de ser transmitida en Argentina)

el marginal

Luego del éxito crítico y de audiencia de Tumberos, le tomó más de trece años a Sebastián Ortega (productor de esa miniserie y de otro sinfín de proyectos más de la televisión argentina) volver a ambientar una producción en una violenta y hacinada cárcel. Dicha producción lleva por titulo El Marginal y, al igual que Tumberos, fue filmada en la infame ex Cárcel de Caseros para así retratar con mayor autenticidad la peligrosidad y la corrupción del sistema penal argentino.

El Marginal cuenta la historia de Pastor, un ex policía caído en desgracia que, a pedido de un juez corrupto, se infiltra con una identidad falsa en la prisión de San Onofrio con el fin de averiguar el paradero de la hija de este magistrado, quien fue secuestrada por una banda delictiva que opera desde el interior de la cárcel. Además de este conflicto central, la serie también le presta especial atención a la forma en que Pastor se relaciona con los demás presos y las autoridades del penal y sus intentos por ganarse la confianza de las dos principales facciones: la banda de Borges y la Sub 21.

La serie tuvo un camino de estreno algo tortuoso, ya que originalmente iba a transmitirse en 30 capítulos de media hora a finales del año pasado. Sin embargo, la llegada del verano y el cambio de gobierno provocaron su atraso hasta junio de este año, cuando se estrenó ahora en un formato de 13 episodios de una hora. Este cambio de presentación le juega a su favor, logrando redondear una narrativa menos fragmentada que se nutre de caracterizaciones fuertes y un elenco de personajes memorables que le brindan variedad a la trama.

A pesar de que la serie no rehuye de la crudeza inherente a su temática, también cuenta con frecuentes momentos de levedad que evitan que se convierta en una obra excesivamente pesada y lúgubre. El Marginal, en efecto, es una crítica social que no deja de lado el entretenimiento y el humor, y eso, junto con su ambientación realista, carismáticas actuaciones y guiones bien elaborados, la convierte en la mejor serie de las aquí reseñadas.

Historia de un Clan (Telefe, 2015)

historia de un clan

Siguiendo el precedente de películas con el mismo argumento lanzadas casi en simultaneo (piensen en Armageddon y Deep Impact), Argentina tuvo su propia situación de sincronicidad creativa el año pasado, cuando El Clan se estrenó en salas de cine en agosto y apenas un mes después la miniserie Historias de un Clan tuvo su debut por la señal de Telefe. Ambos proyectos no están relacionados entre sí, pero tratan sobre exactamente lo mismo: los crímenes cometidos por el llamado “clan Puccio”: una familia de clase media-alta argentina que a mediados de los años ochenta cometió una serie de secuestros a familias adineradas que se saldaron con el pago de cuantiosos rescates y el posterior asesinato de los raptados.

Pero más allá de recorrer el mismo terreno, las dos producciones tienen notables diferencias en cuanto al tratamiento de la historia: mientras que El Clan maneja un estilo de realismo social con tintes noir reminiscente de las rasposas películas del Nuevo Hollywood setentero, Historia de un Clan adopta un tono más macabro, satírico y surrealista, con el que parece querer asemejarse (de la forma más superficial) a la obra de Lynch, Haneke o Buñuel.

Digámoslo de forma directa: ver Historia de un Clan es una experiencia desagradable. En términos técnicos y visuales la serie es prácticamente impecable: es una de las series de la región con mejor aspecto visual que he encontrado. La ambientación y las actuaciones, del mismo modo, son en general aplaudibles. Pero Sebastián y Luis Ortega (productor general y director general, respectivamente) por alguna razón están empecinados en hacer que sus personajes sean lo más grotescos posibles, hasta el punto de caer en la parodia. Hagamos un repaso de los integrantes del “clan”:

¿El padre? Se manda una larguísima perorata racista, xenofóbica, homofóbica y antisemita por lo menos una vez por episodio. ¿La madre? Consumista, clasista y gordofóbica. ¿La hija mayor? Atraída sexualmente por su mejor amiga, la cual es una monja que inexplicablemente pasa todo el día en su casa ¿La hija adolescente? Atraída sexualmente por un hombre 35 años mayor que ella. ¿El hijo menor? Sociópata, matón y fanático de la tortura. ¿El hijo mayor? El héroe de la historia; simplemente le es infiel a su prometida con la novia del difunto amigo al que ayudó a secuestrar. Y mejor ni hablemos de los cómplices de los Puccio, uno de los cuales es alcohólico, otro es pedófilo y un tercero contrata prostitutas transexuales para que le disparen por placer.

Si todo esto suena ridículo y caricaturesco, es porque lo es. La miniserie no hace un mayor esfuerzo por explorar los motivos y las intenciones de estos personajes, sino que prefiere usarlos como símbolos satíricos de las fobias y prejuicios de una típica familia argentina de clase media. Correctos por fuera, corroídos por dentro, disgustados por la pobreza, envidiosos de la riqueza; el Clan Puccio vendría a ser algo así como un caso extremo y depravado de lo que en realidad son actitudes sumamente comunes en la sociedad. Si les gustaría que una serie les recuerde esto por 11 horas, entonces Historia de un Clan es para ustedes.

Los Siete Locos y los Lanzallamas (TV Pública, 2015; disponible en Youtube)

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Basada en las dos novelas del gran escritor argentino Roberto Arlt que le dan su nombre, Los Siete Locos y los Lanzallamas es una ambiciosa miniserie compuesta por 30 episodios de media hora que fue adaptada por otra eminencia de las letras rioplatenses, Ricardo Piglia, y que cuenta con un elenco de destacados actores como Diego Velázquez, Carlos Belloso, Daniel Hendler y Julieta Zylberberg.

La historia transcurre a finales de los años 20 en una Buenos Aires caótica y gris, llena de fábricas, cuarterías y ferrocarriles que son transitados día a día por millones de ciudadanos anónimos, muchos de los cuales son inmigrantes europeos de reciente arribo. En este contexto, un hombre antipático y con ínfulas de grandeza decide, cansado de la monotonía de su vida, unirse a la conspiración de un misterioso y adinerado líder -conocido solamente como El Astrólogo- quien busca instaurar una dictadura militar que lleve a la regeneración del desganado hombre argentino.

Los que han leído estas novelas de Arlt sabrán que son obras notoriamente difíciles de adaptar debido a su corte existencialista e introspectivo, con personajes prestos a divagar en penosos soliloquios internos y a tener largas conversaciones sobre asuntos morales y filosóficos.  Piglia y su equipo, sin embargo, se ven ante la obligación de formular una trama lo suficientemente compleja y atrapante como para sostener una producción de casi 15 horas de duración, tarea que deja resultados decididamente mixtos. La serie, por ejemplo, le presta demasiada atención a la conspiración en el centro de su historia (la cual en la novela es poco más que un disparate descabellado) y le brinda un rol más activo a personajes poco relevantes, lo que lleva a ciertas subtramas redundanes y a un final anti-climático

Dicho eso, la serie está bien escrita, cuenta con actuaciones notables y goza de una puesta en escena bastante creativa que -ante las limitaciones presupuestarias de la televisión pública- opta por ambientar la Buenos Aires de los años 20 con una serie de newsreels de archivo y proyecciones de fondo, lo que reviste de curiosidad histórica a la serie. Si tienen interés en la literatura argentina o latinoamericana, Los Siete Locos y Los Lanzallamas es una buena apuesta.

Variaciones Walsh (TV Pública, 2015; disponible en Youtube)

variaciones walsh

Siguiendo con las adaptaciones de obras literarias, esta “serie de antología” se basa en algunos escritos del desaparecido autor Rodolfo Walsh, quien además de ser un reconocido activista político y periodista, también adquirió cierta fama como escritor de cuentos de crimen en diversas revistas argentinas. 12 de los 13 episodios de media hora que conforman esta serie son adaptaciones de esos cuentos, la excepción siendo el último capítulo, el cual es una dramatización de los últimos días de Walsh antes de ser asesinado por la dictadura.

Si bien hay algunos personajes recurrentes -principalmente detectives-, la serie tiene una naturaleza mucho más episódica que cualquiera de las otras reseñadas en este artículo: cada media hora constituye su propio misterio auto-contenido de crimen y castigo (o impunidad, de acuerdo al caso). Esto tiene un efecto negativo -pero inevitable- en la serie ya que su calidad fluctúa considerablemente dependiendo de la fuerza del cuento original y del nivel de su adaptación.

En este sentido, no ayuda mucho que los cuentos claramente son producto de su tiempo (y de las necesidades comerciales de las revistas que los publicaban) por lo que muchos de los crímenes tienen su origen en alguna transgresión romántica con consecuencias oscuras. Sin embargo, varios de los episodios logran surgir por sobre estos clichés para convertirse en ingeniosos relatos que desnudan el lado más oscuro de la naturaleza humana.  Para aquellos aficionados a las historias de crimen, Variaciones Walsh es una propuesta interesante y recomendable.

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