Game of Thrones — Oathbreaker

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Por Sergio Beeche Antezana

 

Se vuelve interesante que una serie como Game of Thrones se detenga a analizar viajes de sus diferentes personajes mientras se centra en conversaciones más que en meras escenas de acción o sorpresa. Las sensaciones viscerales que el espectador espera de esta serie se vieron bien reflejadas en los anteriores dos episodios que colgaban de un hilo con las expectativas del regreso —bastante evidente— de Jon Snow; así como el comienzo de la temporada que siempre “flojea” un poco al ponernos al tanto de la posición que tendrá cada personaje el resto de la temporada antes de iniciar con cada viaje con más atención.

Entonces, al dejarnos con la respuesta segura del regreso de Jon, Game of Thrones se ve en la excelente posición de avanzar hacia adelante no solo en su  trama, sino en desarrollo de personajes. Mientras que las escenas de violencia y/o acción abundan y emocionan a todo televidente, los episodios como Oathbreaker ahondan más en las intenciones y las implicaciones que pueden llevar al tomar las decisiones que vemos de cada personaje.

Oathbreaker

Escenas como el diálogo entre el rey Tommen y el High Sparrow evidencian el cuidadoso trabajo en el guion de David Benioff y D.B. Weiss de darnos una mejor perspectiva de lo que es la visión de este maquiavélico personaje y la inocencia interrumpida del ingenuo Tommen, que se ve forzado a intentar tomar medidas drásticas, solo para ser absorbido por las palabras profundas y bien guiadas del Sparrow que —sabemos— no tiene ni una sola intención positiva. Ahí mismo, en King’s Landing están los pequeños planes de Cersei y Jaime se ven en menos tiempo, pero con propósito de llevarlos a algo que lleve a más; y como es en esas cuestiones de política y poder que Game of Thrones siempre triunfó en el pasado, por lo que es agradable verla retomarlas de nuevo.

“They stabbed me. Olly, he put a knife in my heart. I shouldn’t be here” – Jon Snow.

Se dan no solo las maquinaciones políticas de parte de los Lannister y el Pequeño Consejo (y en Meereen con Varys y Tyrion), sino la promesa de las estrategias que pueden llegar con el regreso de Rickon Stark y Osha ante la presencia de Ramsay. Ahí está, de nuevo, las sutiles sugerencias de las intenciones meramente de poder que surgen ante los giros narrativos de la serie. Con cada movimiento, al menos por esta tercera hora de la temporada, el propósito es más hacia construir esas intenciones y deseos de cada personaje a partir de los sucesos que ocurren, no por mostrar puro espectáculo, como en una tabla de ajedrez.

Oathbreaker

Por otro lado, es posible encontrar una temática conectada con varios de los personajes principales. Primero, el fantástico montaje del entrenamiento de Arya: el final de su “transformación” a alguien que no es nadie sirve como el inicio de algo más que será parte del viaje de este personajes que, irónicamente y por tanto tiempo, estuvo básicamente en nada; al fin, parece que el regreso de su vista será el paso para su progreso. Luego, Daenerys está en plena posición de seguir la corriente sin poder tomar acción concreta. Sus palabras no significan nada ante las costumbres forzadas de los Dothraki; ella es tratada con una línea específica de su vida: lo pequeño que define lo grande, no al revés. Debe darse cuenta de lo poco que pesan sus títulos y cómo comienza una etapa que no estaba planeada ni estaba preparada: al igual que con Arya, hay incertidumbre.

Y con Jon, ¿qué pasa si alguien vuelve de la muerte? ¿Tiene las mismas intenciones, ideas y personalidad? ¿Acaso su regreso significa algo más de lo que se puede ver?

Oathbreaker

Esas preguntas están planteadas desde el personaje mismo y hacia el tema del episodio (y hasta hacia el espectador). Ya no se trata de la misma persona que fue drástico la temporada pasada, que tenía planes y decisiones, ahora se trata, al igual que con Dany, el reconocimiento de que fue y es insignificante, de tal manera como para haber sido asesinado por sus compañeros. No queda más que tomar decisiones del momento (en su mini venganza de cuatro cuerpos ahorcados) y seguir su camino inmediato, que es, de nuevo, total incertidumbre.

Por último, nos queda Bran. Mientras que los camuflados flashbacks de sus visiones mantienen una expectativa increíble para cualquier fan del libro o seguidores de las teorías en internet, su historia no posee aún una claridad temática que indique algo más allá de meras especulaciones, pero como sabemos que tendrá propósito asegurado, es agradable verlo desarrollarse solito mientras avanza la temporada.

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Así, Oathbreaker no se trata solo de las promesas que, de cierto modo, se rompen o se van a romper, sino en esa línea que permite la decisión de hacerlo y cómo afectará a uno mismo, en cómo moverá las piezas del tablero de ajedrez, sea a favor o en contra del jugador (siendo el contrincante la vida misma). Mientras que unos se ven la posición de mejor seguir la corriente para beneficio propio, otros se dan cuenta de que, por más que intenten ser parte del status quo, no sirve ni para mantener la dignidad ya quebrantada, capturada y hasta apuñalada. Un mero y simple fuck it.

Game of Thrones siempre se beneficia cuando sigue una línea conceptual específica por episodio, cosa que no había conseguido esta temporada. Tanto planteamiento sin una dirección se puede ver afectada por episodio. Por suerte, Oathbreaker aterriza y funciona en sí mismo, dando bases para continuar con la narrativa general que parece tener un propósito más evidente ahora que cada personaje tiene una definición clara y profunda por los planteamientos de esta semana. Así, el futuro puede mostrarnos más exaltaciones y dramatismos, siempre y cuando no descuide los pequeños momentos que harán acentuar esas emociones hacia la meta final, recordando que episodios más callados como este permiten estructurar mejor lo que será la punta del iceberg una vez que lleguemos a las revelaciones claramente encaminadas hacia el final de la temporada.

 

Valar Dohaeris.

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