Hasta siempre, The Good Wife

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Por Sergio Beeche Antezana

 

Fue un martes de septiembre en el 2009 que llegó como un prodecural más de parte del canal al aire con más audiencia, CBS. Su premisa se basó en eventos y noticias de la realidad (el escándalo del político que tiene un amorío pero su esposa se mantiene a su lado), reconociéndolos y explorándolos desde adentro, para darnos, conforme avanzaba, un atreviendo cuidadoso y pausado que rompía con la fórmula de caso judicial semanal, de parte de la firma en la que Alicia entró a trabajar gracias a su conocido de la universidad, Will Garner. A partir de esos pequeños atrevimientos, The Good Wife se convirtió, con mucha facilidad, en una pequeña joya de la televisión, una idea que se supo desarrollar y mejorar con mucha calidad hasta conseguir los resultados que hoy, antes que despedirla por última vez, podemos recordar con tanto cariño.

Al poder construir un caso cada semana, la facilidad de explorar diferentes temas y conceptos fue su fuerte durante los primeros años, cada guion era más ingenioso que el anterior y el tratamiento reflejaba realidades que podían llegar a la empatía hasta hacia la persona más cínica que apareciera. De ahí, el cinismo mismo de sus personajes llegó a ser más que solo eso, no hubo descuido con el crecimiento, evolución y profundidad de los protagonistas y las relaciones que se forjaban, rompían y manipulaban a través de los juegos de poder, abogacía y leyes del mundo real/imaginado de la serie.

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La mano inteligente de los geniales creadores, Robert King y Michelle King, llevó a que la serie completara viajes de largas temporadas que un canal al aire exige como programación durante diez meses al año; es decir, veintidós episodios. Así, los King supieron aprovechar el número de horas y espacios para llevar, pacientemente, cada entrega semanal con episodios botella que resultaban excelente profundización de personajes (VIP Treatment o Red Team, Blue Team), mientras episodios con mayor desarrollo de la historia causaban más impacto pero con el mismo nivel de precisión y cuidado (Hitting the Fan o Dramatics, Your Honor).

Había presión de mantener la historia, pero se consiguió una sutileza necesaria dentro de los avances y guiños que merecían ser vistos y admirados por las series de más prestigio en canales pagados y con menos episodios al año. Así logró varias nominaciones en los premios Emmy, incluyendo sus dos primeros años en Mejor Serie Dramática y varios merecidos ganes en categorías de actuación; logros que, con la dominación de canales basados en suscripción como HBO, Showtime o FX, está distante para una serie así, programada durante muchos más meses al año.

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Ahora. Me voy a poner un poco nostálgico aquí.

The Good Wife no llegó como la última maravilla de la televisión, no buscaba alcanzar la popularidad y calidad que llegó a tener. Sus ideas venían de un matrimonio de escritores que decidieron ir rompiendo, poco a poco, el molde de la tradicional televisión procedimental, pero lograron conseguir algo un poco más allá. Quienes llegamos a verla, a disfrutarla en sus altos y bajos (porque sí tuvo sus malos momentos), no podemos ignorar su grado de humanidad dentro y fuera de los cuarenta minutos semanales; cada personaje, historia y episodio fue parte de un estilo propio y original que permitía desarrollar, de modos diferentes, los variados aspectos de una serie. Pocas creaciones tienen impacto en sí mismas para lo mejor, de esas que, por más que se quieran emular, no habrá cosa igual a la que logró The Good Wife.

Y entre tanta cosa, nuestra protagonista, Alicia Florrick, nunca perdió su temple. El rostro de Julianna Margulies fue, es y será la genial abogada que perduró por siete años con sus colegas y problemas (en frente y detrás de la cámara) para llegar a su clímax en su fabulosa quinta temporada (aunque debatible con la consistente segunda).

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Y aunque se desinfla en sus últimos dos años, siempre se mantuvo con con la cabeza en alto, segura de sus acercamientos, métodos y exploraciones desde el primer momento en el que estuvo al aire. Continuó fascinando (al menos a mí) con su drama, innovación, curiosidades, debates, emoción, ocurrencias y hasta buen humor, para dejarnos, hasta el último minuto y sin cuestionamiento alguno, una de las mejores series de los últimos años.

 

Hasta siempre, The Good Wife.      

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