Barney Stinson, te amo pero te odio.

Por Stanley Graze.

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Como fan incansable de HIMYM, estoy de acuerdo con los muchos que dicen que la serie jamás debió haber durado 9 temporadas (Abed Nadir, Supreme Media Junkie, lo dijo bien al acuñar el hashtag #sixseasonsandamovie).

Al no querer soltar la tetilla del cash-cow que representa este programa, los productores permitieron que un personaje tan esencial como el de Barney Stinson se viniese abajo. Usualmente resulta  fácil tener a personajes superficiales como los de él, ya que muy pocas veces se tiene que profundizar en esperas de lograr comprenderlo. La mayoría de los personajes como él son simplemente el “comic relief” , el azúcar que ayuda a bajar la cucharada de medicina. (Como Waldo en Family Matters o Kimy Gibbler en Full House, por ejemplo). Al ser personajes unidimensionales no hay que preocuparse por  entenderlos, están ahí para brindar una cosa: risas que engrasen el engranaje de la historia.

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El problema es que 9 temporadas nos brinda tiempo de sobra para llegar a conocer a Barney. La teoría del equipo de escritores es sana: desarrollemos a los personajes para que estos dejen de ser ficticios en la imaginación colectiva. Sin embargo, cuando un personaje es tan ridículo como Barney, resulta difícil, en ocasiones imposible, digerir un comportamiento socialmente reprochable y a veces hasta  ilegal (sí, tiene cámaras ocultas en todo su apartamento para asegurarse de poder capturar todos los segundos/ángulos de sus conquistas) con el amigo fiel que viajó hasta San Francisco y se trajo a Lily de vuelta. Aunque se quiera usar la deus ex machina en la que se ha convertido la escusa del personaje con miedo al abandono (rechaza antes de ser rechazado), Barney se ha convertido en una bola de contradicciones que no encajan en lo que uno podría considerar aceptable en una persona, y si no lo podemos comprar como persona resulta difícil darle pelota a sus absurdas ocurrencias.

Resulta claro que no soy el único en notarlo. Los guionistas (o los actores?) en ocasiones evidencian la misma obstinación y frustración que siento yo al verme enfrentado con el cansado inicio de otra de sus historias inventadas, llenas de puns jaladísimos de pelo. Como un chiquito que solo repite el mismo chiste, usa “bro” de manera patológica, y pronto deja de causar la misma gracia que cuando primero lo oímos. Catch phrases como “suit up” o “lengen, wait for it…  dary” sirven un propósito, pero muy pocas veces son utilizados con la mesura que necesitan. Se corre el riesgo de sonar como un episodio de los Teletubbies, donde todo es repetido innumerables veces con tal de que su audiencia menos sofisticada logre captar el mensaje. Su uso es de esos órganos vestigiales que han sido reemplazados por diversos mecanismos, pero que por alguna razón siguen apareciendo en la fórmula empresarial que permea toda producción de televisión. Muy similar al uso de las risas pregrabadas (otro safis de HIMYM… No necesito que un editor me recuerde cuando tengo que reírme, a veces me saca completamente de la historia).

 

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¿Quién podría tener un amigo tan fatigoso, en donde los únicos temas de conversación son sexo, “suiting up”, lazer tag y  “The Price is Right”?  Para mi hay una relación directa entre el declive del show y la forma en que este personaje se ha ido desenvolviendo: conforme más real se hace, menos factible resulta. Esta disonancia es la que hace que la serie que tanto me hacía esperar con ansias los lunes, ahora sea más como una tarea, un compromiso adquirido por todo el desgaste emocional y tiempo invertidos en una historia que por fin está llegando a su fin.

OK, para ser honesto dan ganas de replantear mi posición por una más conciliadora. ¿Y cómo no? Barney es sin duda mi personaje favorito. Me pareció “coolisimo” desde que lo vi por primera vez en “Harold and Kumar go to White Castle”.

 

Su CV, aunque ridículo, también me hizo/hace reír.

 

Es cierto que la serie gira alrededor de Ted, pero Barney es el caos que logra romper la inercia y poner cosas en movimiento. Es la libido del cuerpo Freudiano, la enzima que cataliza y activa las diferentes partes. De primera entrada le otorgamos 1000 puntos por enseñarle a  Ted el error de su candado, y poco después ayudándolo a conocer  a Robin  con una de sus movidas más simples y elegantes; “Haaave you met              ?”. Cuando Marshall seguía deprimido por Lilliy, fue él quien lo saco de la casa. Y si bien es cierto termina robándole todas las chicas a quien torpemente intentaba (y a veces casi lograba) ligar, lo hace porque sabe que ninguna lo haría tan feliz como Lily.

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Con tramas forzadísimas, HIMYM es la prueba de que dada la cantidad apropiada de tiempo, cualquier historia cansa (razón tuvo Larry David y Jerry Seinfeld al terminar cuando lo hicieron). Barney Stinson fue la razón por la que empecé a ver HIMYM y la razón por la que me dejó de gustar. Al rato el punto del equipo HIMYM es que uno, como fiel espectador se sienta como un tercer hijo a quien también le están contando la historia. Los tres estamos esperando que se acabe (en ocasiones parecemos estar hartos inclusive), pero también vamos a estar tristes cuando suceda.

 

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